noviembre 05, 2011

Escuela Sabatica. Leccion 6 Cuarto Trimestre 2011, "La prioridad de las promesas"

Lección 6 Para el 5 de noviembre de 2011

"La prioridad de las promesas"


Sábado 29 de octubre
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LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Gálatas 3:15-20; Génesis 9:11-17; Mateo 5:17-20; Éxodo 16:22-26; Génesis 15:1-6.

PARA MEMORIZAR:
“Porque si la herencia es por la ley, ya no es por la promesa; pero Dios la concedió a Abraham mediante la promesa” (Gál. 3:18).

ALGUIEN, EN CIERTA OCASIÓN, LE PREGUNTÓ a un político: “¿Ha cumplido todas las promesas que hizo durante su campaña?” Él respondió: “Sí, bueno... por lo menos, todas las promesas que yo pensaba cumplir”.

¿Quién no ha estado, alguna vez, en un extremo u otro de una promesa no cumplida? ¿Quién no ha sido el que rompió una promesa, o a quien le quebrantaron una promesa?
Algunas veces la gente hace promesas con toda la intención de cumplirlas, pero más tarde no lo hace. Otros hacen una promesa sabiendo –tan pronto como salieron las palabras de su boca o las letras de su pluma– que no la cumplirán.
Afortunadamente para nosotros, las promesas de Dios son de una categoría totalmente diferente. La Palabra de Dios es segura e inmutable. “Yo hablé, y lo haré venir; lo he pensado, y también lo haré”, dijo Dios (Isa. 46:11).

En la lección de esta semana, Pablo dirige nuestra atención a la relación entre la promesa de Dios a Abraham y la ley dada a Israel 430 años más tarde. ¿Cómo debía entenderse la relación entre ambas, y qué implicaciones tiene eso para la predicación del evangelio?

Lección 6 Domingo 30 de octubre

LA LEY Y LA FE (Gál. 3:15-18)

Aunque la vida de Abraham se caracterizó por la fe, Pablo sabía que sus adversarios se preguntarían: el hecho de que Dios diera la Ley a Israel unos cuatro siglos después de Abraham, ¿no anulaba cualquier arreglo previo?
¿Cuál es el punto principal de la analogía de Pablo acerca del testamento final de una persona y el pacto de Dios con Abraham? Gál. 3:15-18.
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Un pacto y un testamento son generalmente diferentes. Un pacto es un acuerdo mutuo entre dos o más personas y, a menudo, se lo denomina “contrato”, o “tratado”. En contraste, un testamento es la declaración de una sola persona. La traducción griega del Antiguo Testamento no traduce el pacto de Dios con Abraham con la palabra griega que se usa para un acuerdo mutuo, o contrato (synthéke). En cambio, usa la palabra que se utiliza para un testamento (diathéke). ¿Por qué? Es probable que los traductores hayan reconocido que el pacto de Dios con
Abraham no era un tratado entre dos personas, donde se hacían promesas mutuas obligatorias. El pacto de Dios estaba basado solamente en su propia voluntad. No se agregaba ningún: “sí”, “y” o “pero”.Abraham debía tomar a Dios por su palabra.

Pablo aprovecha este doble significado de “testamento” y “pacto”, y destaca rasgos específicos del pacto de Dios con Abraham. Como sucede con un testamento humano, la promesa de Dios afecta a un beneficiario específico: Abraham y su descendencia (Gén. 12:1-5; Gál. 3:16); también involucra una herencia (Gén. 13:15; 17:8; Rom. 4:13; Gál. 3:29). Pablo destaca la naturaleza inmutable de la promesa de Dios. Así como el testamento de una persona no puede cambiarse una vez que se pone en vigor, el dar la ley por medio de Moisés no podía anular el pacto previo de Dios con Abraham. El pacto de Dios es una promesa (Gál. 3:16), y de ningún modo Dios quebranta sus promesas (Isa. 46:11; Heb. 6:18).

Reemplaza la palabra pacto por promesa en los siguientes pasajes: Gén. 9:11-17; 15:18; 17:1-21. ¿Cuál es la naturaleza del “pacto” en cada pasaje? ¿De qué modo el entender el pacto de Dios como una promesa aclara el significado del pasaje, y cómo nos ayuda a comprender mejor qué es un pacto? Además, ¿qué nos enseña esto acerca del carácter de Dios y de cómo podemos confiar en él?

Lunes 31 de octubre Lección 6

LA FE Y LA LEY (Rom. 3:31)

Pablo afirmó la supremacía de la fe en la relación de una persona con Dios. Confirmó que ni la circuncisión ni cualquier “obra de la ley” son un requisito previo para la salvación, porque “el hombre no es justificado por las obras de la ley” (Gál. 2:16). Además, la señal definitoria del creyente es la fe, y no las obras de la Ley (Gál. 3:7). Esta negación repetida de las obras de la Ley plantea la pregunta: “Entonces la Ley, ¿no tiene ningún valor? ¿Eliminó Dios la Ley?”

Por cuanto la salvación es por fe y no por obras de la Ley, ¿quiere decir Pablo que la Ley es abolida por la fe? ¿Qué nos enseñan los siguientes textos? Rom. 3:31; Rom. 7:7, 12; 8:3; Mat. 5:17-20.
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El argumento de Pablo en Romanos 3 es paralelo con su análisis de la fe y la Ley en Gálatas. Por si sus comentarios condujeran a algunos a creer que él está exaltando la fe a expensas de la Ley, Pablo hace la pregunta retórica: “¿Luego por la fe invalidamos la ley?” La palabra “invalidamos”, en Romanos 3:31, es katargéo. Pablo la usa con frecuencia, y es traducida como “anular” (Rom. 3:3), “abolir” (Efe. 2:15), “perder su poder” (Rom. 6:6, NVI), o aun “destruir” (1 Cor. 6:13). Si Pablo hubiese querido apoyar la idea de que la Ley fue eliminada en la cruz, como algunos dicen hoy que él enseñó, este era el momento de hacerlo. Pero Pablo no solo niega esa idea con un no enfático; más aún, ¡afirma que su evangelio “confirma” la Ley!

“El plan de la justificación por la fe revela cómo respetó Dios su ley, cuando fijó y proveyó el sacrificio expiatorio. Si la justificación por la fe invalidase la Ley, entonces no habría habido necesidad de la muerte expiatoria de Cristo para liberar al pecador de sus pecados y restablecer su paz con Dios.

“Además, la fe genuina implica en sí misma una disposición sin reservas a cumplir con la voluntad de Dios mediante una vida de obediencia a su ley [...]. La fe verdadera, basada en amor pleno por el Salvador, solo puede inducir a la obediencia” (CBA 6: 506).

Si Pablo dijera que la fe anula la necesidad de guardar la Ley, entonces, por ejemplo, cometer adulterio, robar, o aun matar, ¿ya no serían pecado? Piensa en cuánto dolor y sufrimiento puedes ahorrarte si obedeces la ley de Dios. ¿Qué sufrimiento has padecido como resultado de desobedecer la ley de Dios?

Lección 6 Martes 1˚ de noviembre

EL PROPÓSITO DE LA LEY

En Gálatas 3:19 al 29, Pablo hace múltiples referencias a “la ley”. ¿A qué ley se refiere Pablo en esta sección de Gálatas?
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Algunos, creyendo que la palabra hasta, en el versículo 19, indica que esta ley era solo temporaria, han pensado que el pasaje se refiere a la ley ceremonial, porque el propósito de esa ley se cumplió en la cruz y, de este modo, llegó a su fin. Aunque en sí mismo esto tiene lógica, no parece ser la idea de Pablo en Gálatas. Aunque ambas leyes, la ceremonial y la moral, fueron “añadidas” en el Sinaí por causa de la transgresión, veremos, en la siguiente pregunta, que Pablo parece tener en mente la ley moral.

¿Dice Pablo que la Ley fue añadida? ¿A qué fue añadida, y por qué? Compara Gálatas 3:19 con Romanos 5:13 y 20.
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Pablo no está diciendo que la Ley fue añadida al pacto de Dios con Abraham, como si fuera un apéndice a un testamento, que alteró las provisiones originales. La Ley había existido antes del Sinaí (ver la sección de mañana). Pablo quiere decir que la Ley fue dada a Israel con un propósito muy diferente. Era para traer al pueblo de vuelta a Dios y ver la gracia que él ofrece a todos los que van a él por fe. La Ley nos revela nuestra condición pecaminosa y nuestra necesidad de la gracia de Dios. La Ley no tiene la intención de ser una clase de programa para “ganar” la salvación. Por el contrario, fue dada “para que el pecado abundase” (Rom. 5:20); es decir, para mostrarnos claramente el pecado en nuestras vidas (Rom. 7:13).
Mientras las leyes ceremoniales señalaban al Mesías y enfatizaban la necesidad de un Salvador, la ley moral, con sus “No...”, es la que revela el pecado, y nos muestra que el pecado no es solo una parte de nuestra condición natural, sino también es la violación de la ley de Dios (Rom. 3:20; 5:13, 20; 7:7, 8, 13). Por esto, Pablo dice: “Donde no hay ley, tampoco hay transgresión” (Rom. 4:15).
“La Ley actúa como una lente de aumento. Ese dispositivo no aumenta realmente el número de manchas que contaminan una vestimenta, sino que las hace destacar más claramente y revela muchas más de las que uno puede ver con el ojo desnudo”.–William Hendriksen, The New Testament Commentary, Exposition on Galatians, p. 141.

Miércoles 2 de noviembre Lección 6

LA DURACIÓN DE LA LEY DE DIOS

Pablo dice que la Ley fue añadida en el Sinaí. ¿Significa esto que la Ley no existía antes? Si no es así, ¿cuál era la diferencia antes y después del Sinaí? Lee Gén. 9:5, 6; 18:19; 26:5; 39:7-10; Éxo. 16:22-26.
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Dios no necesitó revelar su ley a Abraham con rayos y truenos (Éxo. 19:10-23). ¿Por qué, entonces, dio Dios la Ley a los israelitas de esa manera? Era porque, siendo esclavos, ellos olvidaron la grandeza de Dios y sus normas morales. Tenían que darse cuenta de su propia pecaminosidad y de cuán sagrada es la ley de Dios. La revelación en el Sinaí logró eso.

¿Qué quiere decir Pablo al afirmar que la Ley fue añadida “hasta que viniese la simiente a quien fue hecha la promesa”? Gál. 3:16-19.
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Muchos creen que este texto significa que la ley del Sinaí era temporaria, que fue dada 430 años después de Abraham y terminó cuando vino Cristo. Esta interpretación choca con lo que dice Pablo de la Ley en Romanos, y con otros pasajes de la Biblia, tales como Mateo 5:17 al 19.
El error está en suponer que la palabra hasta siempre implica una duración limitada. Este no es el caso. Al describir la persona que teme a Dios, Salmo 112:8 dice: “Asegurado está su corazón; no temerá, hasta que vea en sus enemigos su deseo”. ¿Significa esto que cuando él triunfe tendrá temor? En Apocalipsis 2:25, Jesús dice: “Pero lo que tenéis, retenedlo hasta que yo venga”. ¿Quiere Jesús decir que una vez que él venga ya no necesitarán ser fieles?
La Ley seguirá señalando el pecado mientras ella exista. Pablo dice que la venida de Cristo no canceló la Ley, sino que marcó un punto decisivo en la historia humana. Cristo hace lo que la Ley nunca podría hacer: provee el remedio para el pecado, justifica a los pecadores y, por su Espíritu, hace que se cumpla su Ley en ellos (Rom. 8:3, 4).

¿Has pensado alguna vez: Si tan solo el Señor hiciera esto por mí, yo nunca más dudaría? Pero, piensa en lo que pasó en el Sinaí: los israelitas vieron las manifestaciones del poder de Dios; sin embargo, ¿qué hicieron? ¿Qué te indica esto acerca de la verdadera fe, y de cómo la obtenemos y la mantenemos? (Ver Col. 2:6.)

Lección 6 Jueves 3 de noviembre

LA SUPERIORIDAD DE LA PROMESA

Moisés es aquel que “estuvo en la congregación en el desierto con el ángel que le hablaba en el monte Sinaí, y con nuestros padres, y que recibió palabras de vida que darnos” (Hech. 7:38).

En Gálatas 3:19 y 20, Pablo sigue diciendo que la Ley no anula el pacto de gracia; esto es importante porque si la teología de sus adversarios fuera correcta, la Ley haría precisamente eso. Entonces, piensa cuál sería nuestra situación como pecadores si tuviéramos que depender de nuestra observancia de la Ley, en vez de hacerlo de la gracia de Dios para salvarnos. Al fin, estaríamos sin esperanza.
Aunque los detalles que da Pablo en Gálatas 3:19 y 20 son difíciles, su punto básico es claro: la Ley es suplementaria de la promesa, porque fue dada por medio de los ángeles y de Moisés. Los ángeles no se mencionan en el Éxodo cuando se da la Ley, pero su mención se encuentra en varios otros lugares de las Escrituras (Deut. 33:2; Hech. 7:38, 53; Heb. 2:2). Pablo usa la palabra mediador en 1 Timoteo 2:5 con referencia a Cristo, pero sus comentarios aquí sugieren que él piensa en Deuteronomio 5:5, donde Moisés dice: “Yo estaba entonces entre Jehová y vosotros para declararos la palabra de Jehová”.
Por majestuosa que haya sido la presentación de la Ley en el Sinaí, con muchos ángeles presentes, y por importante que fuera Moisés, la Ley fue dada en forma indirecta. En contraste, la promesa de Dios fue hecha directamente a Abraham (y, por lo tanto, a todos los creyentes), sin un mediador. Al fin, por importante que sea la Ley, no sustituye la promesa de salvación por gracia por medio de la fe. Por el contrario, la Ley nos ayuda a comprender mejor cuán maravillosa es esa promesa.

Describe la naturaleza de los encuentros directos de Abraham con Dios. ¿Qué beneficio había en esa cercanía con Dios? Considera Génesis 15:1 al 6; 18:1 al 33; 22:1 al 18.
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Piensa en otros encuentros de personas con Dios: Adán y Eva en el Edén (Gén. 3); la escalera de Jacob (Gén. 28); Pablo en camino a Damasco (Hech. 9). Tal vez no experimentaste nada tan dramático, pero ¿de qué maneras se te ha revelado Dios? Pregúntate si hay algo en tu vida personal que pudiera impedir que tengas esa clase de cercanía, como la que tenía Abraham. Si es así, ¿qué pasos puedes dar para cambiar?

Viernes 4 de noviembre Lección 6

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR: “Durante su servidumbre, el pueblo había perdido en alto grado el conocimiento de Dios y de los principios del pacto de Abraham. Al libertarlos de Egipto, Dios trató de revelarles su poder y su misericordia para inducirlos a amarlo y a confiar en él. Los llevó al Mar Rojo, donde, perseguidos por los egipcios, parecía imposible que escaparan, para que pudieran ver su total desamparo y su necesidad de ayuda divina; y entonces los libró. Así se llenaron de amor y gratitud hacia él, y confiaron en su poder para ayudarlos. Los ligó a sí mismo como Libertador de la esclavitud temporal.
“Pero había una verdad aún mayor que debía grabarse en sus mentes. Como habían vivido en un ambiente de idolatría y corrupción, no tenían un concepto verdadero de la santidad de Dios, de la extrema pecaminosidad de su propio corazón, de su total incapacidad para observar la ley de Dios y de la necesidad de un Salvador. Todo esto se les debía enseñar” (PP 388).
“La ley de Dios, pronunciada con grandiosidad aterradora desde el Sinaí, es el dictamen de condenación para el pecador. Le corresponde a la Ley condenar, pero no hay en ella poder para perdonar o redimir” (Comentarios de Elena G. de White, CBA 6: 1.094).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:

1. Piensa en toda esta idea de las promesas, especialmente las que fueron rotas. ¿Cómo te sentiste acerca de quienes rompieron las promesas que te hicieron? ¿Cuánta diferencia produjo si una persona tenía la intención de mantener sus promesas y luego no pudo hacerlo o decidió otra cosa, o si te diste cuenta de que la persona nunca quiso cumplirlas? ¿Qué sucedió con tu nivel de confianza después de que la promesa fue rota, por cualquier razón? ¿Qué significa, para ti, saber que puedes confiar en las promesas de Dios? O, tal vez, la pregunta debería ser: ¿Cómo puedes aprender a confiar en las promesas de Dios, en primer lugar?
2. ¿De qué maneras estamos en peligro de ser corrompidos por nuestro ambiente hasta el punto de perder de vista las verdades importantes que Dios nos ha dado? ¿Cómo podemos hacer que nos demos cuenta de cuáles son esas influencias corruptoras? ¿Cómo podemos neutralizarlas?
Resumen: El dar la Ley en el Sinaí no invalidó la promesa que Dios le hizo a Abraham, ni la Ley alteró las provisiones de la promesa. La Ley fue dada para que el pueblo pudiera darse cuenta de la verdadera extensión de su pecaminosidad, y reconociera su necesidad de la promesa que Dios les había hecho a Abraham y a sus descendientes.

octubre 25, 2011

Escuela Sabatica. Leccion 5 Cuarto Trimestre 2011, "La Fe en el Antiguo Testamento"

Para el 29 de Octubre de 2011

“La Fe en el Antiguo Testamento”:


Sábado 22 de Octubre

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Gálatas 3:1-14; Romanos 1:2; 4:3; Génesis 15:6; 12:1-3; Levítico 17:11; 2 Corintios 5:21.

PARA MEMORIZAR:

Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero)” (Gálatas 3:13).

UN NIÑITO HIZO UN BOTECITO, lo pintó y lo arregló. Un día, alguien le robó el bote, y él quedó angustiado. A las pocas semanas, el niño pasó frente a una casa de empeño y vio su bote. Contento, entró al negocio y le dijo al dueño: “Este es mi botecito”. “No”, dijo el dueño, “es mío, porque lo compré”. “Sí”, dijo el niño, “pero es mío porque yo lo fabriqué”. “Bueno”, dijo el dueño, “si me pagas dos dólares, puedes tenerlo”. Eso era mucho dinero para el niño, que no tenía un centavo. Pero decidió que los tendría; así que, trabajó cortando el césped y haciendo tareas diversas, y pronto tuvo su dinero.

Entonces, corrió al negocio y dijo: “Quiero mi bote”. Entregó el dinero, y recibió su bote. Lo tomó en sus brazos, diciendo: “Mi botecito, te amo. Eres mío. Eres dos veces mío. Te hice, y ahora te compré”.

Así sucede con nosotros. En un sentido, somos dos veces de Dios. Él nos creó, pero entramos en la casa de empeño del diablo. Entonces, vino Jesús y nos compró a un costo terrible, no de dinero, sino de su preciosa sangre. Somos de Dios por creación y por redención. (Adaptado de William M. Tidwell, Pointed Illustrations, p. 97).


Domingo 23 de octubre

LOS GÁLATAS INSENSATOS

Lee Gálatas 3:1 al 5. Resume lo que Pablo les dice. ¿En qué sentido podemos estar en peligro de caer en la misma trampa espiritual; es decir, comenzar bien y luego caer en el legalismo?

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Varias traducciones modernas han tratado de captar el sentido de las palabras del versículo 1 acerca de la insensatez de los gálatas. La palabra que usó Pablo en el griego es aún más fuerte: anoétoi. Proviene de la palabra para mente (nous) y, literalmente, significa “sin mente”. Los gálatas no estaban pensando. Pablo no se detiene allí; dice que, como estaban actuando tan neciamente, él se pregunta si algún mago les echó algún ensalmo. “¿Quién os fascinó [los ha hechizado, NVI]?” Su elección de palabras puede sugerir que la fuente última detrás de esta condición es el diablo (2 Corintios 4:4).

Lo que desconcierta a Pablo, de la apostasía de los gálatas, es que ellos sabían que la salvación está basada en la cruz de Cristo. No era algo que ellos podían pasar por alto. La palabra traducida como “presentado”, en Gálatas 3:1, literalmente significa “pintado” o “puesto como un afiche”. Se usaba para describir todas las proclamaciones públicas. Pablo les dice que la cruz es el centro de su predicación y que ellos podían ver a Cristo crucificado con los ojos de su mente (1 Corintios 1:23; 2:2). Les dice que, por sus acciones, se estaban alejando de la cruz.

Luego, Pablo contrasta la experiencia actual de los gálatas con la que tuvieron cuando primero llegaron al conocimiento de la fe en Cristo. Lo hace con algunas preguntas retóricas. ¿Cómo habían recibido al Espíritu; es decir, cómo llegaron a ser cristianos? Y de una perspectiva ligeramente diferente, ¿por qué Dios les dio al Espíritu? ¿Fue porque hicieron algo para ganarlo? ¡Ciertamente, no! Era porque habían creído lo que Cristo ya había hecho por ellos. Habiendo comenzado tan bien, ¿qué los hacía pensar que ahora tenían que depender de su propia conducta?


¿Cuán a menudo piensas: Estoy bien. Soy un cristiano bastante bue­no: no hago esto y no hago aquello... y luego, aun sutilmente, consi­deras que eres lo suficientemente bueno para ser salvo? ¿Qué está mal en este cuadro?


Lunes 24 de octubre

FUNDADOS EN LAS ESCRITURAS

Hasta aquí Pablo, en su carta a los Gálatas, ha defendido su evangelio de la justificación por la fe, apelando al acuerdo alcanzado con los apóstoles en Jerusalén (Gálatas 2:1-10) y a la experiencia personal de los gálatas mismos (Gálatas 3:1-5). Comenzando con Gálatas 3:6, Pablo se dirige al testimonio de las Escrituras para la confirmación final de su evangelio. De hecho, Gálatas 3:6 a 4:31 está compuesto de argumentos progresivos basados en la Escritura.

¿Qué quiere decir Pablo cuando escribe acerca de la “Escritura” en Gálatas 3:6 al 8? Considera Romanos 1:2, 4:3, 9:17.

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Es importante recordar que cuando Pablo escribió su carta a los Gálatas no había “Nuevo Testamento”. Pablo fue el primer escritor del Nuevo Testamento. El Evangelio de Marcos es, probablemente, el primero de los cuatro evangelios, pero tal vez no fue escrito hasta el tiempo de la muerte de Pablo (65 d.C.), unos quince años después de la carta a los Gálatas. Así que, cuando Pablo se refiere a las Escrituras, pensaba solamente en el Antiguo Testamento.

Las Escrituras del Antiguo Testamento desempeñan un papel importante en las enseñanzas de Pablo. Las considera como la viva Palabra de Dios, dotada de autoridad. En 2 Timoteo 3:16, escribe: “Toda la Escritura es inspirada por Dios”. La palabra traducida como “inspirada” es theopnéustos. La primera parte de la palabra (theo) significa “Dios”, mientras la segunda parte significa “espirada”. La Escritura es “espirada por Dios”. Pablo usa la Escritura para demostrar que Jesús es el Mesías prometido (Romanos 1:2), para dar instrucción en la vida cristiana (Romanos 13:8-10) y para probar la validez de sus enseñanzas (Gálatas 3:8, 9).

Centenares de veces, Pablo cita el Antiguo Testamento; las citas se encuentran en todas sus cartas, excepto en las más breves (Tito y Filemón).

Lee Gálatas 3:6 al 14. Identifica los pasajes que cita del Antiguo Testamento en esos versículos. ¿Qué nos indica esto acerca de cuán dotado de autoridad consideraba el Antiguo Testamento?

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¿Piensas a veces que una parte de la Biblia es más “inspirada” que otra? Dada la afirmación de Pablo en 2 Timoteo 3:16, ¿cuál es el peligro de seguir este camino?


Martes 25 de octubre

CONTADO COMO JUSTO

¿Por qué crees que Pablo apela a Abraham cuando usa las Escrituras para validar su mensaje evangélico? Gálatas 3:6.

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Abraham era un personaje central en el judaísmo. Era el padre de la raza judía, y los judíos del tiempo de Pablo lo veían como el modelo de un verdadero judío. Muchos no solo creían que su característica específica fue su obediencia sino también que Dios lo había declarado justo por causa de esa obediencia. Abraham abandonó su tierra natal y su familia, aceptó la circuncisión y estuvo dispuesto a sacrificar a su hijo por mandato de Dios. ¡Eso es obediencia! Los adversarios de Pablo, con su insistencia en la circuncisión, seguían esa misma línea.

Sin embargo, Pablo apela a Abraham nueve veces en Gálatas como un ejemplo de fe en lugar de apelar su observancia de la Ley.

Considera la cita de Génesis 15:6 que presenta Pablo. ¿Qué significa cuando dice que la fe de Abraham “le fue contada por justicia”? (Ver también Romanos 4:3-6, 8-11, 22-24.)

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Mientras justificación era una metáfora tomada del mundo legal, la palabra contada es una metáfora tomada de los negocios. Puede significar “acreditar”, o “poner algo en la cuenta de uno”. Se usa en relación con Abraham en Gálatas 3:6, y aparece otras once veces en conexión con el patriarca. Algunas versiones de la Biblia la traducen como contada, o imputada.

De acuerdo con la metáfora de Pablo, lo que se pone en nuestra cuenta es la justicia. La pregunta es: ¿Sobre qué base nos cuenta Dios como justos? Seguramente, no puede ser por la obediencia, a pesar de que era lo que pretendían los adversarios de Pablo. La Escritura dice que fue la fe de Abraham lo que Dios contó como justicia.

La Biblia es clara: la obediencia de Abraham no fue la base de su justificación, sino que fue el resultado. No hizo las cosas para ser justificado; las hizo porque él ya había sido justificado. La justificación conduce a la obediencia, y no al revés.


Tú eres justificado no por algo que haces sino solo por lo que Cristo ya hizo por ti. ¿Por qué esto es una buena noticia? ¿Cómo puedes hacer para creer que se aplica a ti sin importar tus luchas pasadas y aun presentes?


Miércoles 26 de octubre

EL EVANGELIO EN EL ANTIGUO TESTAMENTO

Y la Escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a los gentiles, dio de antemano la buena nueva a Abraham, diciendo: En ti serán benditas todas las naciones” (Gálatas 3:8). Pablo escribe que Dios mismo le predicó el evangelio a Abraham. Pero ¿cuándo predicó Dios el evangelio a Abraham? Pablo cita Génesis 12:3, indicando el pacto que Dios hizo con Abraham cuando lo llamó.

Lee Génesis 12:1 al 3. ¿Cuál era la naturaleza del pacto que Dios hizo con Abraham?

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La base del pacto fueron las promesas de Dios. Estas promesas sorprenden porque son unilaterales. Dios hace las promesas, y Abraham no promete nada. Esto es lo opuesto a la forma en que la gente trata de relacionarse con Dios. Le promete que lo servirán, solo si él hace algo por ellas. Pero eso es legalismo. Dios no le pidió a Abraham que prometiera algo sino que aceptara las promesas de Dios por fe. Claro que eso no era tarea sencilla, porque Abraham tenía que aprender a confiar completamente en Dios y no en sí mismo (ver Génesis 22). El llamamiento de Abraham ilustra la esencia del evangelio: la salvación por fe.

Algunos sostienen, equivocadamente, que la Biblia enseña dos maneras de salvarse: en el Antiguo Testamento la salvación había estado basada en la obediencia a los mandamientos; luego, como eso no funcionó bien, Dios había abolido la Ley y hecho posible la salvación por la fe. Esto no podría estar más lejos de la verdad. Pablo afirmó, en Gálatas 1:7, que hay solo un evangelio.

¿Qué otros ejemplos encuentras en el Antiguo Testamento de salvación solo por la fe? Ver Levítico 17:11; Salmo 32:1-5; 2 Samuel 12:1-13; Zacarías 3:1-4.

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A menudo escuchamos la expresión “gracia barata”. No obstante, es un concepto equivocado. La gracia no es barata; es gratuita (por lo menos, para nosotros). Pero la arruinamos cuando pensamos que podemos añadir algo con nuestras obras, o que podemos usarla como una excusa para pecar. En tu experiencia, ¿cuál de esos dos caminos estás más inclinado a usar, y cómo puedes detener esa tendencia?


Jueves 27 de octubre

REDIMIDOS DE UNA MALDICIÓN (Gálatas 3:9-14)

Los adversarios de Pablo sin duda fueron sacudidos por las palabras en Gálatas 3:10. No pensaban estar bajo una maldición, sino que esperaban una bendición por su obediencia. Pero Pablo es inequívoco: “Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas”.

Pablo contrasta dos alternativas: la salvación por fe y la salvación por obras. Las bendiciones y las maldiciones del pacto (Deuteronomio 27, 28) son directas. Los que obedecían eran bendecidos, los que desobedecían eran maldecidos. Así, si una persona dependía de la obediencia a la Ley para ser aceptada por Dios, necesitaba observar toda la Ley. Es todo o nada.

Esto era una mala noticia no solo para los gentiles, sino también para los adversarios legalistas de Pablo, porque “todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23). A pesar de nuestros esfuerzos, la Ley solo nos condena como transgresores.

¿De qué modo Cristo nos libra de la maldición de la Ley? Ver Gálatas 3:13; 2 Corintios 5:21.

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Pablo introduce otra metáfora para lo que Dios hizo por nosotros en Cristo. La palabra redimió significa “comprar de nuevo”, como cuando se pagaba el rescate para liberar rehenes o el precio de un esclavo. Como la paga del pecado es muerte, la maldición por no observar la Ley era una sentencia de muerte. El rescate pagado para nuestra salvación le costó a Dios la vida de su propio Hijo (Juan 3:16; 1 Corintios 6:20; 7:23). Él voluntariamente tomó nuestras maldiciones sobre sí mismo y sufrió por nosotros la penalidad completa del pecado (2 Corintios 5:21).

Pablo cita Deuteronomio 21:23 como prueba bíblica. De acuerdo con la costumbre judía, una persona estaba bajo la maldición de Dios si, al morir, el cuerpo era colgado de un árbol o de un madero. La muerte de Jesús sobre la cruz era considerada como un ejemplo de esta maldición (Hechos 5:30; 1 Pedro 2:24).

Por eso la cruz era una piedra de tropiezo para algunos judíos, que no podían entender que el Mesías hubiera sido maldecido por Dios. Pero este era exactamente el plan de Dios. Sí, el Mesías cargó una maldición, pero no era la suya propia: ¡era la nuestra!


Viernes 28 de octubre

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR: “Sobre Cristo como Sustituto y Garante nuestro fue puesta la iniquidad de todos nosotros. Fue contado por transgresor, a fin de que pudiese redimirnos de la condenación de la Ley. La culpabilidad de cada descendiente de Adán abrumó su corazón. La ira de Dios contra el pecado, la terrible manifestación de su desagrado por causa de la iniquidad, llenó de consternación el alma de su Hijo. Toda su vida, Cristo había estado proclamando a un mundo caído las buenas nuevas de la misericordia y el amor perdonador del Padre. Su tema era la salvación aun del principal de los pecadores. Pero, en estos momentos, sintiendo el terrible peso de la culpabilidad que lleva, no puede ver el rostro reconciliador del Padre. Al sentir el Salvador que de él se retraía el semblante divino en esta hora de suprema angustia, atravesó su corazón un pesar que nunca podrá comprender plenamente el hombre. Tan grande fue esa agonía que apenas le dejaba sentir el dolor físico.

Con fieras tentaciones, Satanás torturaba el corazón de Jesús. El Salvador no podía ver a través de los portales de la tumba. La esperanza no le presentaba su salida del sepulcro como vencedor ni le hablaba de la aceptación de su sacrificio por el Padre. [...] Sintió la angustia que el pecador sentirá cuando la misericordia no interceda más por la raza culpable. El sentido del pecado, que atraía la ira del Padre sobre él como sustituto del hombre, fue lo que hizo tan amarga la copa que bebía el Hijo de Dios, y quebró su corazón” (El Deseado de todas las gentes, p. 701).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:

  1. En nuestra iglesia, algunos hoy todavía tienen dificultad para aceptar la salvación solamente por la fe, y que la gracia de Dios, mediante Cristo, nos salva. ¿Por qué algunos vacilan en aceptar esta verdad vital?

  2. Pablo habló muy enérgicamente acerca del error teológico de la salvación por obras. ¿Por qué es importante una buena teología? ¿Por qué nosotros, como iglesia, debemos mantenernos firmes aun cuando el error se enseña entre nosotros?

Resumen: Del principio al fin en la vida cristiana, la base de nuestra salvación es solo la fe en Cristo. Por causa de la fe de Abraham en las promesas de Dios, él fue contado como justo. El mismo don de justicia está disponible para todos los que hoy comparten la fe de Abraham. La única razón por la que no somos condenados por nuestros errores es que Jesús pagó el precio de nuestros pecados al morir en nuestro lugar

septiembre 24, 2011

Escuela Sabatica. Leccion 1 Cuarto Trimestre 2011, "Pablo, apostol a los Gentiles"

Para el 01 de Octubre de 2011

“Pablo, Apóstol a los Gentiles”:


Sábado 24 de septiembre

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Hechos 6:9-15; 9:1-9; 1 Samuel 16:7; Mateo 7:1; Hechos 11:19-21; 15:1-5.

PARA MEMORIZAR:

Entonces, oídas estas cosas, callaron, y glorificaron a Dios, diciendo: ¡De manera que también a los gentiles ha dado Dios arrepentimiento para vida!” (Hechos 11:18).


NO ES DIFÍCIL entender a Saulo de Tarso (conocido como el apóstol Pablo después de su conversión), y por qué hizo lo que hizo. Como judío devoto, a quien se le había enseñado la importancia de la Ley y la redención política de Israel, que el Mesías tan esperado fuera ejecutado como un criminal era demasiado como para que él lo tolerara.

No sorprende que él estuviera convencido de que los seguidores de Jesús eran desleales a la Torá y estorbaban el plan de Dios para Israel. Que se considerara que el Jesús crucificado era el Mesías que se había levantado de los muertos era, para él, una apostasía total. No podía tolerar tal disparate ni a los que rehusaban abandonar esas ideas. Saulo estaba decidido a ser el agente de Dios para eliminar de Israel esas creencias. Por eso, aparece primero en las páginas de las Escrituras como un violento perseguidor de sus conciudadanos judíos que creían que Jesús era el Mesías.

Sin embargo, Dios tenía planes muy diferentes para Saulo: que este judío no solo predicara de Jesús como el Mesías, sino también ¡que lo hiciera entre los gentiles!


Domingo 25 de septiembre

PERSEGUIDOR DE CRISTIANOS

Saulo aparece primero en Hechos, participando en el apedreamiento de Esteban (Hechos 7:58); y luego en la gran persecución que se desató en Jerusalén (Hechos 8:1-5). Pedro, Esteban, Felipe y Pablo desempeñan un papel importante en el libro de los Hechos, por su participación en los eventos que llevaron a la difusión de la fe cristiana más allá del mundo judío. La predicación de Esteban y su martirio parecen haber tenido una profunda influencia sobre Saulo de Tarso.

Esteban mismo era un judío de habla griega, y uno de los siete diáconos (Hechos 6:3-6). Hechos cuenta que un grupo de judíos extranjeros vivía en Jerusalén (versículo 9) y entró en disputa con Esteban por su predicación de Jesús. Es posible, y hasta probable, que Saulo de Tarso participara de estos debates.

Lee Hechos 6:9 al 15. ¿Qué acusaciones hicieron contra Esteban? ¿Qué te recuerdan esas acusaciones? (Ver también Mateo 26:59-61.)

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La hostilidad hacia la predicación de Esteban parece consecuencia de dos cosas diferentes. Por un lado, Esteban provocó a sus adversarios al no asignarle gran importancia a la ley judía y al Templo, que eran centrales en el judaísmo, y símbolos básicos de la identidad religiosa y nacional. Pero, Esteban hizo más que meramente rebajar estos dos íconos: vigorosamente proclamaba que Jesús, el Mesías crucificado y resucitado, era el real centro de la fe judía.

Entonces, no es de extrañar que el fariseo Saulo se enojara (Filipenses 3:3-6). Su celo en contra de los primeros cristianos indica que pertenecía al ala estricta de los fariseos, lleno de fervor revolucionario. Saulo vio que las promesas proféticas del Reino de Dios no se habían cumplido todavía (Daniel 2; Zacarías 8:23; Isaías 40-55), y probablemente creyó que su tarea era ayudar a Dios, purificando a Israel de la corrupción religiosa, incluyendo la idea de que este Jesús fuera el Mesías.

Convencido de que tenía razón, Saulo estaba dispuesto a asesinar a aquellos que él pensaba que estaban equivocados. Aunque nece­sitamos celo y fervor por lo que creemos, ¿cómo podemos atem­perar nuestro celo si pensamos que, a veces, nosotros podríamos estar equivocados?


Lunes 26 de septiembre

LA CONVERSIÓN DE SAULO

Él dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón” (Hechos 9:5).

Aunque la persecución de Saulo a la iglesia comenzó en forma poco visible (mientras sostenía los mantos de los verdugos de Esteban), rápidamente se intensificó (ver Hechos 8:1-3; 9:1, 2, 13, 14, 21; 22:3-5). Varias de las palabras que usa Lucas para describir a Saulo lo pintan como alguien feroz, o un soldado saqueador inclinado a destruir a su adversario. La palabra traducida como “asolaba”, por ejemplo, se usa en la traducción griega del Antiguo Testamento (Salmo 80:13) para describir la conducta destructora de un puerco montés o jabalí. La campaña de Saulo contra los cristianos era un plan deliberado para exterminar la fe cristiana.

Considera las tres descripciones de la conversión de Pablo (Hechos 9:1-18; 22:6-21; 26:12-19). ¿Qué lugar tuvo la gracia de Dios en esta experiencia? En otras palabras, ¿merecía Saulo la bondad que Dios le mostró?

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La conversión de Saulo, desde una perspectiva humana, debió haber parecido imposible (de allí el escepticismo que muchos expresaron cuando escucharon hablar de él).

Lo único que Saulo merecía era un castigo, pero Dios extendió su gracia a este judío ferviente. Es importante notar, sin embargo, que la conversión de Saulo no sucedió en un vacío ni fue forzada.

Saulo no era un ateo. Era religioso, aunque muy equivocado en su comprensión de Dios. Las palabras de Jesús a Saulo, “Dura cosa te es dar coces contra el agujón” (Hechos 26:14), indican que el Espíritu Santo había estado convenciéndolo. En el mundo antiguo, un “aguijón” era un palo largo y aguzado usado para impulsar a los bueyes cuando se resistían a seguir arando. Saulo había resistido el impulso de Dios por algún tiempo, pero en su camino a Damasco tuvo un encuentro milagroso con Jesús, y Saulo eligió no seguir luchando.

Piensa en tu experiencia de conversión. Tal vez no fue tan dramá­tica como la de Pablo (la mayoría no lo es), pero ¿de qué manera similar recibiste la gracia de Dios? ¿Por qué es importante no olvi­dar nunca lo que Cristo nos ha dado?


Martes 27 de septiembre

SAULO EN DAMASCO

En su encuentro con Jesús, Saulo quedó ciego. Luego se le ordenó ir a la casa de un hombre llamado Judas, y que esperara allí a otro hombre, llamado Ananías. Sin duda, la ceguera física de Saulo fue un poderoso recordativo de la mayor ceguera, espiritual, que lo condujo a perseguir a los seguidores de Jesús.

La aparición de Jesús en el camino a Damasco cambió todo. Saulo pensaba que lo que creía era la pura verdad, pero había estado totalmente equivocado. En lugar de trabajar para Dios, había estado actuando contra él. Saulo entró en Damasco como un hombre diferente del orgulloso y celoso fariseo que había salido de Jerusalén. En lugar de comer y beber, Saulo pasó sus primeros tres días en Damasco en ayuno y oración, reflexionando en lo sucedido.

Lee Hechos 9:10 al 14. Imagínate lo que habrá pasado por la mente de Ananías: Saulo ya no era el perseguidor, sino un creyente en Jesús. También era Pablo, el apóstol elegido por Dios para llevar el evangelio al mundo gentil (ver Hechos 26:16-18).

No es extraño que Ananías estuviera confundido. Si la iglesia de Jerusalén vacilaba en aceptar a Pablo unos tres años después de su conversión (Hechos 9:26-30), uno puede imaginarse las preguntas y las preocupaciones de los creyentes en Damasco ¡solo unos días después del evento!

Nota, también, que Ananías recibió una visión en la que el Señor le daba las sorprendentes e inesperadas noticias acerca de Saulo de Tarso. Cualquier otra cosa no lo habría convencido de que era cierto lo que se le dijo de Saulo: que el enemigo de los creyentes judíos había llegado a ser, ahora, uno de ellos.

Saulo había salido de Jerusalén con la autoridad y la comisión de los principales sacerdotes de desarraigar la fe cristiana (Hechos 26:12). Sin embargo, Dios tenía una comisión muy diferente para Saulo, que descansaba sobre una autoridad mucho mayor. Saulo debía llevar el evangelio al mundo gentil, una idea que debió de haber sido aún más chocante para Ananías y los otros creyentes judíos que la misma conversión de Saulo.

Donde Saulo había pensado reducir la expansión de la fe cristiana, ahora Dios lo usaría a él para aumentarla, más allá de lo que los creyentes judíos hubieran podido imaginar.


Lee 1 Samuel 16:7, Mateo 7:1 y 1 Corintios 4:5. ¿Cuál es el mensa­je de estos textos con respecto a por qué debemos ser cuidadosos en nuestra manera de ver las experiencias espirituales de otras personas? ¿Qué errores has cometido en tu juicio acerca de otros, y qué aprendiste de esos errores?


Miércoles 28 de septiembre

EL EVANGELIO VA A LOS GENTILES

¿Dónde se estableció la primera iglesia gentil? ¿Por qué los creyentes fueron allí? (Hechos 11:19-21, 26). ¿Qué te recuerda esto de los tiempos del Antiguo Testamento? (Ver Daniel 1.)

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La persecución en Jerusalén después de la muerte de Esteban hizo que muchos creyentes judíos huyeran 450 km hacia el norte, a Antioquía. Como capital de la provincia romana de Siria, Antioquía estaba, en importancia, solo detrás de Roma y de Alejandría. Su población, estimada en 500.000 habitantes, era muy cosmopolita, por lo que era un lugar ideal para una iglesia gentil y una excelente base para la misión mundial de la iglesia primitiva.

¿Qué sucedió en Antioquía que llevó a Bernabé a visitar la ciudad, y a su posterior decisión de invitar a Pablo a unirse con él en esa ciudad? ¿Qué clase de cuadro se presenta de la iglesia allí? (Hechos 11:20-26).

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Hacer una cronología de la vida de Pablo no es fácil, pero parece que pasaron unos cinco años entre su visita a Jerusalén después de su conversión (Hechos 9:26-30) y la invitación de Bernabé de ir a Antioquía. ¿Qué estuvo haciendo Pablo todos esos años? Es difícil estar seguro. Pero, si nos basamos en Gálatas 1:21, pudo haber predicado en las regiones de Siria y de Cilicia. Algunos han sugerido que en este tiempo pudo haber sido desheredado por su familia (Filipenses 3:8) y haber sufrido diversas dificultades que él describe en 2 Corintios 11:23 al 28.

La iglesia en Antioquía floreció bajo la conducción del Espíritu Santo. La descripción de Hechos 13:1 indica que la naturaleza cosmopolita de la ciudad pronto se reflejó en la diversidad étnica y cultural de la iglesia (Bernabé era de Chipre; Lucio, de Cirene; Pablo, de Cilicia; Simón, tal vez del África). El Espíritu procuró llevar el evangelio a más gentiles usando a Antioquía como la base de las actividades misioneras de mayor alcance.


Lee de nuevo Hechos 11:19 al 26. ¿Qué puedes aprender de la iglesia en Antioquía, una iglesia cultural y étnicamente muy varia­da, que podría ayudar a las iglesias actuales a imitar lo bueno que existía allá?


Jueves 29 de septiembre

UN CONFLICTO DENTRO DE LA IGLESIA

Nada humano es perfecto, y pronto hubo problemas en la nueva comunidad de fe.

No todos estaban contentos con el ingreso de creyentes gentiles a la iglesia. No era por el concepto de una misión gentil, sino sobre cómo debían entrar los gentiles. Algunos sentían que solamente la fe en Jesús no era suficiente para que fueran cristianos; faltaba la circuncisión y la obediencia a la ley de Moisés para ser verdaderos cristianos. (La división entre judíos y gentiles se ve en Hechos 10:1 al 11:18, por la experiencia de Pedro con Cornelio y la reacción que siguió.)

Las visitas que venían de Jerusalén, y supervisaron el trabajo de Felipe entre los samaritanos (Hechos 8:14) y la obra con los gentiles en Antioquía (Hechos 11:22), muestran las preocupaciones por la presencia de los no judíos en la comunidad cristiana. La reacción al bautismo de Cornelio, un soldado romano incircunciso, es un ejemplo del desacuerdo entre los primeros creyentes. La inclusión de un gentil como Cornelio pudo haber hecho sentir incómodos a algunos, pero el trabajo de Pablo de abrirles las puertas de la iglesia a los gentiles, solamente sobre la base de la fe en Jesús, resultó en que algunos intentaron socavar el ministerio de Pablo.

¿De qué manera ciertos creyentes de Judea trataron de contrarrestar la obra de Pablo entre los cristianos gentiles en Antioquía? Hechos 15:1-5.

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Aunque el Concilio de Jerusalén (Hechos 15) apoyó a Pablo en lo de la circuncisión, siguió la oposición a su ministerio. Siete años más tarde, durante la visita final de Pablo a Jerusalén, muchos todavía tenían sospechas del evangelio de Pablo: mientras visitaba el Templo, casi perdió la vida cuando los judíos del Asia exclamaron: “¡Varones israelitas, ayudad! Este es el hombre que por todas partes enseña a todos contra el pueblo, la ley y este lugar” (Hechos 21:28; ver también 21:20, 21).

Ponte en el lugar de estos creyentes judíos preocupados por la enseñanza de Pablo. ¿Por qué su preocupación y su oposición te­nían cierto sentido? ¿Qué nos enseña esto acerca de cómo nues­tras ideas preconcebidas, culturales y aun religiosas, pueden des­carriarnos? ¿Cómo podemos aprender a protegernos de cometer los mismos errores, no importa cuán bien intencionados seamos?


Viernes 30 de septiembre

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR: Para las relaciones entre la conversión personal y la iglesia, lee “La autoridad de la iglesia”, en Joyas de los testimonios, tomo 1, pp. 391-397. Acerca de un mapa útil de la vida temprana de Pablo y comentarios sobre su conversión, ver el Comentario bíblico adventista, tomo 6, pp. 225-233.

Pablo había sido conocido anteriormente como celoso defensor de la religión judía e incansable perseguidor de los seguidores de Jesús. Valeroso, independiente, perseverante, sus talentos y su preparación lo capacitaban para servir en casi cualquier cargo. Razonaba con extraordinaria claridad y, mediante sus aplastantes sarcasmos, podía poner a un oponente en situación nada envidiable. Y ahora los judíos veían a ese joven de posibilidades extraordinarias unido a los que anteriormente había perseguido, y predicando sin temor en el nombre de Jesús.

Un general muerto en la batalla es una pérdida para un ejército, pero su muerte no da fuerza adicional al enemigo. Mas, cuando un hombre prominente se une al adversario, no solamente se pierden sus servicios, sino también aquellos a quienes él se une obtienen una ventaja decisiva. Saulo de Tarso, en el camino a Damasco, podría fácilmente haber sido muerto por el Señor, y se hubiera restado mucha fuerza al poder perseguidor. Pero Dios, en su providencia, no solo le perdonó la vida, también que lo convirtió, transfiriendo así un campeón del bando del enemigo al bando de Cristo. Como elocuente orador y crítico estricto, Pablo, con su firme propósito y denodado valor, poseía precisamente las cualidades que se necesitaban en la iglesia primitiva” (Los hechos de los apóstoles, pp. 102, 103).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:

  1. ¿Qué lección podemos aprender del hecho de que algunos de los más severos adversarios de Pablo eran otros judíos que creían en Jesús?

  2. ¿Cómo puedes mantenerte firme en asuntos de principios religiosos y, al mismo tiempo, asegurarte de que no estás peleando contra Dios?

Resumen: El encuentro de Saulo con el Jesús resucitado en el camino a Damasco fue el momento de definición en su vida y en la historia de la iglesia primitiva. Dios cambió al anterior perseguidor de la iglesia y lo convirtió en apóstol, para llevar el evangelio al mundo gentil. La inclusión de los gentiles solamente por la fe, que logró Pablo, demostró ser un concepto difícil para algunos dentro de la iglesia: un poderoso ejemplo de cómo los preconceptos y los prejuicios pueden estorbar nuestra misión.